Hijos digitales y padres analógicos

Me gustaría empezar esta historia con unas preguntas básicas, dirigidas a madres y padres: en casa ¿quién sabe más de Internet?. No me refiero a la simple tarea de navegar por la red para localizar un restaurante, sino a llevar a cabo actividades diríamos más “intelectuales”, como es crear una dirección de correo electrónico, comprar un antivirus, consultar la cuenta bancaria o entrar en el Facebook. Si la respuesta es mis hijos, no os asustáis. Es lógico.

Otra pregunta: cuando con vuestros hijos miráis publicidad por televisión, cuántas veces os han preguntado ¿escucha madre, esto que dice este señor de la tele, no es verdad, no?”. Es bueno empezar a transmitir el sentido crítico a nuestros hijos con cosas pequeñas, porque así estarán preparados cuando algún día se lo pregunten a ellos por teléfono (sin que nosotros estamos a su lado, poniendo la oreja disimuladamente) y les digan “hola chica, ¿donde viven tus padres? ¿Qué coche tienen? ¿O de qué color tienes los ojos?”.

La tercera cuestión sería interrogarnos sobre si la patria potestad se puede ejercer también en Internet, a pesar de que antes habría que conocer cuál es la definición legal de este concepto. El Código de Familia dice que la potestad constituye una función inexcusable y, en el marco del interés general de la familia, se ejerce personalmente siempre un beneficio de los hijos para facilitar el pleno desarrollo de su personalidad.

Ahora si ya podemos entrar en materia. Todos creemos que la patria potestad se tiene que ejercer también cuando los hijos navegan por ir Internet, pero si queremos concretar cómo, posiblemente diríamos que hay dos respuestas extremas. Una, cortar el acceso a la red y la otra dar acceso libre, sin control, conclusiones que no convencen del todo. Pero verdaderamente ¿qué hay que hacer? ¿cual es la mejor opción?.

Y aquí vendría la primera reflexión: ¿no es hora ya que padres y madres estemos atentos al fenómeno de Internet y que volvamos a la autoescuela digital, unos para reciclarnos y los otros para aprender las normas básicas de circulación? Porque me pregunto: si las madres y los padres desconocemos el medio que pisamos (es como quien entra de golpe en la selva africana, acostumbrado de toda la vida a pasear sólo por campos de alfalfa) y si los hijos no saben algunas de las normas básicas de circulación, ¡pues sí que vamos bien todos juntos por las autopistas de la información!.

Hablo de autoescuela digital porque es fácil hacer un símil con la conducción por carretera cuando hablamos de Internet. Hoy en día mucha gente va conduciendo arriba y abajo. Algunos hemos aprendido con los padres al lado o totalmente solos; otros, con la ayuda de las autoescuelas; los menos, sin obtener la autorización o peor aún, con una prohibición de conducir. En definitiva, quien más quien menos, sabe un poco de ir por el mundo con un volante en las manos.

Si trasladamos el ejemplo de la conducción y analizamos las pautas que tienen o que tendrían que tener nuestros hijos ahora que empiezan a circular por Internet, seguramente nuestra primera conclusión será que cada casa es un mundo y que, como pasa en otros ámbitos de la vida, la solución será trasladar las pautas que tenemos de la vida real a la vida virtual.

Y aquí aparece otra reflexión: en el mundo de Internet, nuestros hijos son los maestros y los padres, los alumnos, y como muestra un botón: algunos padres aún graban películas en viejas cintas VHS -son por tanto los padres analógicos-, mientras los hijos compran tonos musicales por el móvil, ya que son los hijos digitales.

Ahora os pido que respondéis a un test: ¿habéis hablado con vuestros hijos de Internet en general (las oportunidades y los riesgos)? ¿Habéis navegado conjuntamente con ellos? ¿Sabéis cuáles son las páginas Web que visita? ¿Habéis establecido alguna norma de uso? ¿Habéis configurado las preferencias de privacidad del ordenador? ¿Les habéis explicado que hay información que él no puede dar nunca por Internet ni por teléfono?.

Mientras vais apuntando los resultados, podemos reflexionar sobre el hecho que Internet sirve para jugar y para comunicarse y también, como herramienta para trabajar. Por lo tanto, hay que dar pautas a los hijos para que entiendan la importancia de utilizar la red para crearse un futuro profesional. Nuestros hijos, los que ahora piensan que la música que escuchan es siempre gratuita (“la bajo con lo Emule”, nos dirán) serán los que mañana gestionarán empresas donde el principal capital será la propiedad intelectual; nuestros pequeños artistas que ahora dibujan manga, que están ilusionados con ganarse la vida haciendo aquello que les gusta (dibujar), quien sabe si dejarán sus actividades creativas convencidos que aquello que tantas veces han escuchado, es verdad, esto es que las creaciones intelectuales no tienen ningún valor en el mercado, que se comparten gratuitamente y que la ley no protege ni a los autores ni a sus obras. Suerte tenemos que muchos de ellos han leído a Harry Potter y saben de primera mano que toda la creatividad de J. K. Rowling es el resultado de una simple idea, aquella que la autora tuvo durante un viaje en tren desde Manchester hasta Londres y que gracias a su imaginación (y a la ley), su idea ha generado mucho ilusión en multitud de personas para empezar a leer y escribir y también, como no, dinero.

Y mientras discutimos si aquel que primero ha enseñado a navegar a nuestros hijos, tiene que ser también quién debe darles las herramientas de privacidad y seguridad necesarias, podemos ir pensando en dibujar los planos para construir la autoescuela digital, antes de que haya más analfabetos y demasiado accidentes. Y cuando se ponga en marcha la autoescuela digital, ya me imagino los comentarios entre hijos y padres: “Mira, yo he sacado un 9 en uso de Internet y tú un 3. ¿No te da vergüenza? Te acompaño ahora mismo a tutoría y después nos iremos a la librería a elegir un cuaderno de verano, para el padre, eso si!”

Y ahora podemos volver al inicio: ¿creéis que ha nacido una nueva figura gracias a Internet que habría que incluir en la ley, aquella en que los hijos son los que ejercen una cierta potestad hacia los padres en el ámbito de Internet, eso sí?.

© Ramon Arnó, 2011, Lleida.

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